Introducción

El profundo impacto que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha producido a escala mundial, ha transformado radicalmente todos los ámbitos de la vida, provocando cambios estructurales en la manera de cómo nos comunicamos, accedemos a la información, interactuamos con otras personas y en la forma de cómo aprendemos. Estas transformaciones han introducido cambios en todos los campos y plantean desafíos técnicos y pedagógicos permitiendo “la aparición de nuevos roles para las instituciones educativas, los docentes y los estudiantes, así como en el desarrollo de materiales de apoyo al proceso de enseñanza-aprendizaje” (Prieto Díaz, V, 2001).

La introducción de las TIC en el contexto educativo ha traído gran repercusión en la expansión de los procesos formativos que se utilizan en las diferentes modalidades de entrega ya que las posibilidades de interacción entre el profesor y el estudiante se han incrementado, así como el aumento de la información y la posibilidad de acceso y de la comunicación favoreciendo la motivación, el autoaprendizaje y la investigación.

Autores como Marqués P. (2013) plantean los siguientes elementos respecto al impacto de las TIC en la educación: Surgimiento de nuevas competencias tecnológicas. La posibilidad de encontrar vías de aprendizaje fuera de las instituciones formales. Necesidad de formación continua. Uso didáctico para facilitar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Nuevos entornos de aprendizaje y de modelos pedagógicos. Sin duda alguna, las TIC pueden suministrar medios para la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje y para la gestión de los entornos educativos en general, Conforme a lo anterior, debe de tenerse siempre presente que lo relevante debe ser siempre lo educativo y no lo tecnológico ya que las TIC no tienen efectos mágicos sobre el aprendizaje, ni generan automáticamente innovación educativa. Lo que genera la innovación pedagógica es la forma en que el docente utiliza las TIC para lograr los objetivos de aprendizaje.